Manifiesto

El arte es inescapable. Está en todos lados y es para todos. Está en la mirada, en la subjetividad. Es un reflejo de cada uno cuando se mira incluso a lo más sutil del diseño, un espejismo.
El arte es inescapable, tanto como lo es el pensar sobre la obra artística. Lo que dice el autor sobre sí mismo cuando escribe. Lo que piensa el observador cuando mira y percibe.
El arte es inescapable y también lo son su análisis, su crítica y su teoría. Por eso, acá estamos dando un espacio para no tener que escapar y siempre tenerlo en el horizonte, ese al que no se llega pero se desea. Tanto como una utopía, donde está la verdad del arte. Inalcanzable.
El arte es inescapable. Y su interpretación es un reflejo, una creencia de que está ahí cuando no lo está. Es solo una visión de tal sin llegar a serlo completamente. Pero damos el espacio para difundir las maneras de mirar lo mismo desde diferentes posiciones.
El arte es inescapable. Es una ilusión a la que se quiere llegar hasta la desesperación. Es lo que uno quiere ver, que está ahí cuando no lo está aunque todo nos diga lo contrario. Nuestros sentidos dicen que sí, que eventualmente dejará de ser el horizonte y se volverá presente.
El arte es inescapable. Su interpretación le da significado. Su análisis lo disecciona. El hacer artístico lo pone de manifiesto. Todo eso aquí y más, para que cada individualidad aparezca por sí misma, observando el espejismo, diciendo lo que ve de él.
El arte es inescapable. Pero, a la vez, es búsqueda. Es no llegar nunca a la explicación, en el laberinto de buscarle el significado, el sentido. Es la búsqueda como medio de análisis, de interpretación, de quedar anonadado por el espejismo.
El arte es inescapable. Finalmente, cuando uno ve lo que quiere ver pero el que lo ve sos vos, por eso es diferente lo que se ve, de lo que hay. Inalcanzable porque siempre se está escapando o nos está tratando de alcanzar.