Emprender un viaje es acometer contra lo incierto. Es chocarse contra lo más profundo de lo que no se conoce pero está al alcance, es ir en busca de un tesoro lejano e imperturbable: el conocimiento. Lo desconocido se presenta como algo que dejará de serlo en el futuro: un inicio que se vuelve final al cruzar el umbral; es decir, un inicio de viaje también es una separación de lo conocido, de aquello que es un nostos y, por ende, de aquello que tiene la capacidad de producir nostalgia (el dolor del retorno al hogar). Es el hogar, lo conocido que se va a volver cada vez más lejano. Y en El eternauta esto flota como el barco Argos en busca del vellocino de oro. La invasión que se percibe desde el inicio es lo más desconocido imaginable. En esta novela gráfica, el viaje es hacia el tesoro primigenio: la humanidad. La sociedad frente a un ser superior, más fuerte, más sabio, más impredecible que toda la naturaleza tangible hasta ese momento. Junto a los personajes, nos quedamos despojados en la desdicha de vivir. De estar vivos, después de que la naturaleza en sí misma se vuelve extraña.
Nos encontramos en un futuro distópico: EE. UU. tira bombas nucleares para probarlas y demostrar su poderío. Es algo cotidiano. Los personajes no se inmutan cuando la radio escupe tal noticia. Simplemente dan por sentado que siguen cayendo. Aquí lo cotidiano irrumpe en violencia. Ya es muerte lo que aparece al inicio. Guerra y no paz. Pero con el paso del tiempo, el personaje va a mostrar que no sólo había guerra en la humanidad de la que proviene sino que había luchas más profundas, como cuando se lamenta de la época en la que había marchas por “la laica” y “la libre”. Marchas que se mantenían en las mismas calles que él recorre con completa extrañeza solo unos días después.
A pesar que dado que la serie aún está latente 1 y, por lo tanto, no puedo hacer una comparación completa y exhaustiva, una diferencia que puede asomarse es que en la versión audiovisual de El eternauta esto no pasa. El mundo en el que nos encontramos no tiene nada de diferente al de la contemporaneidad. No pareciera que haya nada que nos diga ya desde el inicio que no vamos a estar hablando de la realidad que conocemos. El contrato con el receptor es totalmente inmersivo en la extrañeza cuando observa que sucede algo que no estaba previsto como las reglas del mundo en el que vivimos. De hecho, desde los personajes, Favalli (uno de los amigos del eternauta, Juan Salvo, desde el inicio) principalmente va a intentar constantemente explicar el fenómeno que estamos observando fuera de la realidad. Tratando vanamente de darle una vuelta física y tangible de qué es lo que tienen delante de sí.
La extrañeza genera un sentimiento constante de que algo siniestro está aproximándose. Algo incierto y desconocido, y finalmente poco familiar. Como dice Freud, “[Lo Unheimlich] casi siempre coincide con lo angustiante en general” 2. Y la nostalgia es de lo más desconcertante en sí misma. No se aproxima a nada, no tiende a ninguna cosa. Cada individuo lo sostiene de una manera propia y enteramente incomprensible para el otro. Lo extraño es lo que se vuelve una línea continua, mas el hogar es mera discontinuidad de los recuerdos: fragmentarios por excelencia. Tanto por la condición intrínseca del recuerdo como también porque aparecen y fragmentan al individuo entre el pasado y el presente.
Pero nos vamos a sumergir en esta sensación de despersonalización de la realidad. En esa extrañeza, sucede algo que descoloca. La nieve es descrita como hermosa. En la semipenumbra, se observa como bella, como algo deseable. Si trae a la muerte, también es para tener más noción de lo que es estar vivo. 3 Algo que en esta novela gráfica aparece como algo que había decaído en la sociedad y, por ende, con este hecho se demuestra la noción de que no hay fin, sin el comienzo, el inicio. Todo lo que tenemos es en “contraposición a” de su contrario. No se sabe nada de lo que no tiene un par que sea su opuesto. Notamos el día porque existe la noche. Notamos la muerte porque nos definimos como entes vivos. La biología tuvo que definir qué es la vida para determinar lo que no tiene vida, lo que es inerte, lo que se encuentra por fuera de aquello que tenemos los seres humanos.
“Apreté el acelerador, quizá demasiado a fondo. Cada fibra de mi ser clamaba por huir, por salir de aquella ciudad que era la mía y que sin embargo, me era ya totalmente extraña. Como un muerto querido que de pronto nos muestra eso, que está muerto” 4. El mundo se empieza a ver con extrañeza. El mundo se mira como si ya no fuera propio. En la muerte, ¿pasará lo mismo? ¿El cuerpo deja de ser propio cuando se pierde y lo deja en la existencia física y material? “Era curioso como Pablo conservaba la calma. También yo, distraído quizá por la caída de las esferas incandescentes, había olvidado por un momento lo que la ciudad era, los peligros que acechaban en todas partes. Pero allí estaba Favalli” 5. Lo totalmente nuevo y extraño lo distraía de una situación de muerte que ya de alguna forma curiosa había dejado de ser totalmente algo extraño. Se conservaba la calma ante lo diferente, ante eso que todavía no se sabía de dónde venía.
El narrador, el eternauta (llamado así por una referencia explícita al mito griego de los argonautas, marineros que viajaban sobre el navío Argos), va a dejar, a medida que cuenta su historia, migajas de lo que se viene en la historia. Es, de cierta manera, el recuerdo fragmentario de otro momento de su vida, momento en el que hubo un enfrentamiento mano a mano con la muerte o ¿es futuro enfrentamiento con un invasor desconocido que nunca llega a conocerse? Porque la muerte está constantemente presente mientras que el invasor no lo está. Siempre es una sombra de la sombra, siempre hay alguien más por detrás que maneja los hilos. Los invasores con los que se encuentran son autómatas: esto también produce, según Jentsch (leído por Freud), una sensación de lo siniestro.
El sonido de la muerte es anonadante. Es extrañeza por el silencio. Es muerte. En definitiva es una sensación de no encontrarse con nada ni con nadie a su alrededor. La soledad. Porque al final el camino en el que se encuentra es hacia la soledad. No tiene a nadie más que a él mismo, es el solo el que está contando la historia de lo que pasó. No queda ninguna humanidad que lo ampare. Es enfrentarse un paso más hacia lo desconocido. Además, como ya se dijo, es un enemigo que constantemente tiene a otro ser por detrás, seres que nunca se alcanzan a ver. Pero los personajes igual se enfrentan, están listos para esa guerra invisible con la muerte misma. Con la idea de perecer, con ser la vanguardia y demostrar el camino a los que siguen después que ellos.
Y comienzan las preguntas sobre cómo se vive en esa constante guerra. Ante la extrañeza con, incluso, uno mismo. ¿Cómo mirar hacia el otro? “¿Hay amistad en circunstancias más complejas?” 6 pregunta el personaje. Se vive en sociedad, pero a la muerte cada uno se la enfrenta como puede. Ante lo desconocido cada quien da un paso de manera individual. El otro, además, siempre es espejo de cómo vemos el mundo. Es la representación más fiel de que uno tiene un fin, de que termina todo en alguna parte. Y en aquellas circunstancias, en las de una invasión tan abusiva, esto se hace aún más evidente que en el día a día rutinario. El pensamiento es incompartible. Compartir es en sí mismo lograr que el otro vea en su mundo un pedazo de otra posibilidad que está en el otro, pero ante el dolor de la finitud, esto es imposible. El otro, por lo tanto, se vuelve un extraño. El otro, a fin de cuentas, está fuera de uno.
La batalla de estar vivo puede ser una analogía transversal al camino al que nuestro personaje principal se está enfrentando. Quien va a tener una reflexión interior 7: a las personas se las conoce en la batalla. La amistad verdadera es cuando todos deben cuidar la espalda del otro, estar para el otro en la posibilidad de la muerte en conjunto. Esa humanidad que parecía perdida al principio vuelve a resurgir en el estadio de River Plate, en el recuerdo de los partidos, del juego, y de lo que ahora sucede: un grupo de civiles intentando derrocar un poder superior. Una visión en conjunto a futuro, donde el presente se desdibuja. La pregunta entonces se convierte en: ¿es posible vivir así?
¿Hay un destino en el camino? En El eternauta, el camino va a estar dictaminado por este enemigo invisible que todo lo puede. Este enemigo que tiene más fuerza, es capaz incluso de derribar edificios, dejandoles solo un camino. No está mostrado este camino como laberíntico, sino que es lineal. Va a ir hacia el enemigo y hacia donde el enemigo quiere que ellos vayan. No están a la deriva sin saber a dónde ir, hay una finalidad bien clara. La supervivencia por un lado e ir al único lugar hacia donde se puede ir, hacia adelante. No cabe la posibilidad de no entrar en la trampa, porque retroceder no es una opción. Eso implica la muerte segura, volver no está en los planes. Entonces, lo incierto, lo desconocido que propone el viaje, termina de alguna manera teniendo un destino inescapable. El destino que sólo lo invisible propone, aquellos invasores, enemigos, que siempre se está al filo de poder conocerlo pero nunca sucede.
Lo unheimlich, lo siniestro, va a aparecer a partir del secreto. El secreto de aquello que no se conoce. En el viaje a emprender hacia las entrañas de la ciudad se van a encontrar que no se puede conocer al enemigo. Siempre van a tener a un ser siendo manejado por otro ser, un ser aún más hábil, más siniestro, más desconocido. Después de toda la extrañeza que les va a ir sucediendo en el viaje, de todo lo que se tienen que enfrentar, al vacío y a la muerte, no van a encontrar más que un viaje hacía la casa, donde se van a volver a encontrar con un espacio que no les resulta del todo familiar. Es el hogar esperado, pero ya, esposa e hija, también se convirtieron en veteranas de aquella invasión, han crecido, han entendido otras cosas de la misma guerra. También, se han vuelto extrañas.
El chalecito constantemente aparece como una isla. El hogar. La amada también va a ser el lugar a donde debe volver, donde tiene todo lo que necesita para ser feliz. Pero no puede estar ahí. Es sólo en su pensamiento que aparece de esa manera. Aparece por ende el desapego por enfrentarse al enemigo como también la nostalgia. Desapego porque la idea va a ser morir, enfrentar. El viaje a lo desconocido es más importante, para salvar también a esa isla. Salvar también lo preciado. Entonces, para la amada, lo que queda es siempre esperar, como la nostalgia lo va a ser para quien está en ese enfrentamiento con lo desconocido. Las opciones para el eternauta y sus acompañantes van a ser morir o descubrir con la pregunta primordial y constante: ¿hasta dónde nos quedamos? La pregunta suicida de hasta qué momento podemos sobrevivir. Y hasta dónde en nuestro imaginario aparece el pasado como preciado, versus lo que tenemos que enfrentar en el presente.
Así es como el viaje del eternauta nunca va a terminar. Cuenta lo que tiene que contar y vuelve a empezar. Cuenta. Y ahora el que debe hacerse cargo del futuro es quien oye esa historia. Un personaje que merece la pena tener en cuenta ante estas perspectivas de análisis es el historiador. Es el único que no le teme a la muerte, se enfrenta sin más herramientas que contar lo que está viviendo. Es el que dice que no importa si realmente pierde la vida, porque con lo que escribe el sobrevive ante todo. Ese es el acto de escribir, la supervivencia del pensamiento, por eso mismo el eternauta debe estar contando su historia al guionista de historietas. El historiador, al observar la supuesta derrota, la muerte de todo el escuadrón, se deja caer, comienza a beber alcohol por demás, hasta terminar borracho. Este es un acto de muerte por excelencia, el olvido más primordial de uno mismo. El dejarse ser en lo espiritual, mental y físico. El dejarse estar de esta manera nos habla de algo sustancial: al no tener nada que recordar, ante la muerte, ante el no tener de qué escribir, el historiador prefiere haberse ido con el resto, no le teme a la muerte pero le teme a algo superior, el no tener porqué estar vivo. ¿Es una extrañeza entonces a la propia vida lo que se manifiesta en este personaje?
El guionista, al final, lo deja al eternauta volver a su vida, cuando el oyente es el que ha cambiado. Ha sido manifestado en la extrañeza de su mundo. Su mundo a futuro que ya no será el mismo futuro si lo cuenta. Por eso debe plasmarla para que el futuro cambie. El escritor entonces es el responsable de que las cosas cambien, de concebir lo extraño y hacerlo de manifiesto. Así es como funciona el círculo que nos propone esta historieta, nos da el viaje que todos debemos emprender en lo desconocido: lo extraño del personaje que encarnamos. La narración que le damos al mundo es la construcción de nuestros amigos y enemigos en todos sus estadíos.
- Sigman, H., Mosteirín, M., Cristi, L. y Copello, D. (Productores Ejecutivos). (2025-presente). El eternauta [Serie de televisión]. K&S Films; Netflix. https://www.netflix.com ↩︎
- Freud, Sigmund (1919) “CIX. Lo siniestro”. Librodot. Recuperado el 7 de julio 2026 de: https://www.ucm.es/data/cont/docs/119-2014-02-23-Freud.LoSiniestro.pdf
↩︎ - Como contrapartida, en la versión audiovisual, la nieve pierde fuerza al caer. Se desvanece su capacidad de muerte apenas toca algo muerto, algo inerte; algo, a fin de cuentas, que no puede matar. ↩︎
- Oesterheld, Héctor G. y Solano López, Francisco (2008). El eternauta. (1a ed.). Buenos Aires: Doedytores. p. 58 ↩︎
- Ídem ↩︎
- Oesterheld, Héctor G. y Solano López, Francisco (2008). El eternauta. (1a ed.). Buenos Aires: Doedytores. p. 44 ↩︎
- Ídem p 99 – 100 ↩︎
Catalina Amaire es Escritora, ensayista, correctora, docente y co-fundadora de Espejismos. Tiene dos libros publicados: Los leones (Ediciones Artilugios, 2017) y Sin ningún otro universo aparente (Clara Beter Ediciones, 2022). Ver biografía.

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